El hombre que no quería cambiar
No quería cambiar una vez un hombre, pero quería creer que no podía hacerlo para no cambiar, y entonces seguir teniendo lo que tiene aunque por momentos supiera que no sabe si en realidad algo tiene.
Mas cuando lo siento ya no lo tengo
O simplemente lo tengo pero de otra forma
En forma de mañana o de ayer
Y no en forma de hoy
Que es lo único que tengo.
.
Sí, hoy.
Aquel gran hoy que se devela majestuoso e inalcanzable en el acto de contemplar el mar abierto
o la mirada calma e irracional de un animal.
El gran hoy del que he sido excluído, relegado de actor a esporádico espectador.
El gran hoy de los sentidos sin razón y de las cosas que no cambian
.
Si ese gran hoy en el que hoy creo,
porque se devela en situaciones mudas,
(pero que no habito por ser hombre)
sigue como ahora entregándose en la breve totalidad de un sinúmero de instantes,
preciada ocasión de versos sobrecojedores que
-más que versos-
son las manos de Dios abriendo el portal que sólo se ve con los sentimientos
(aquella situación silenciosa que es arte sublime e indescriptible)
¡Si eso pasa!
Si sigue entregándoseme este hoy vedado,
como ahora pasó y sigue pasando:
Para allá voy;
que implique subir o bajar no me importa
No me importa la dirección;
Allá voy;
y para siempre iré por volver a vivirlo,
aunque sea sólo una vez más en la vida.


